MUESTRA 002

La muestra siguiente corresponde a los versos 120 a 232 de la escena dos del segundo acto del texto de Shakespeare y está organizada en dos columnas, para el fácil cotejo de los textos involucrados. La muestra comienza a los 33:24 minutos del vídeo íntegro del montaje referido y finaliza a los 36:15.

En la primera columna transcribo al pie de la letra el texto usado en el montaje arriba referido, realizado a partir de lo que en el mismo se identifica como una "versión" y adaptación de la obra de Shakespeare por Carlota Pérez-Reverte Mañas.

La segunda columna contiene mi traducción.

Para facilitar la comparación y la evidencia, he coloreado los textos como sigue:

-Los textos en ROJO identifican las adaptaciones hechas al texto de Shakespeare y a mi traducción, así como los textos añadidos al original, por Carlota Pérez-Reverte Mañas.

-Los textos en AZUL identifican tanto mi traducción como las transcripciones al pie de la letra, o casi, de mi traducción en la "versión" que se atribuye Pérez-Reverte Mañas.

-Los fragmentos en NARANJA indican frases idénticas o que guardan visible cercanía con la traducción de José Arnaldo Márquez en la "versión" que se atribuye Pérez-Reverte Mañas.

Las acotaciones y nombres de personajes se han conservado en NEGRO.

Carlota Pérez-Reverte Mañas

La comedia de los enredos

[...]

Entran Adriana y Luciana.

ANTÍFOLO. ¿Qué hay, señora? ¿Qué tal?

ADRIANA

Sí, Antífolo: desconóceme y frunce el ceño.

Otra es la dueña de tu fina estampa.

Yo no soy Adriana, ni soy tu mujer.

Aunque hubo un tiempo en que jurabas

que nunca una palabra fue música en tu oído,

nunca un objeto agradable a tus ojos,

nunca un roce acogido por tus manos,

nunca viandas deliciosas en tu boca,

si de mí no las oías, veías, sentías,

o si no probabas mis deleites. ¿Por qué ahora,

esposo mío, eres un extraño para ti?


DROMIO. ¿Para mí?

ADRIANA. No.

ANTÍFOLO. ¿Para mí?


ADRIANA

Para ti, digo, pues al desprenderte de mí,

parte indivisible de tu propio cuerpo,

te desprendes de lo mejor de ti mismo.

¡Ay, no te apartes de mí!

[comienzan textos omitidos]




[terminan textos omitidos]

¿No heriría tu corazón en lo más vivo,

oír que yo fuera infiel

y que este cuerpo, a ti consagrado

se contaminara con lujuria vil?

¿No me escupirías, no me -------

arrojarías el nombre de esposo a la cara?

[texto omitido]

[texto omitido]

[texto omitido]


¡Hazlo! Porque estoy contaminada por la 

mancha del adulterio. Sí, por mis venas corre sangre de lujuriosa pecadora. Sí, pues si los dos formamos uno, y tú eres infiel, yo recibo también el veneno en mi carne, y quedo prostituida por contagio. Si respetas

tu lecho -------- y a tu fiel esposa,

yo vivo sin mancha, y tú, sin deshonra.




ANTíFOLO de SIRACUSA

¿Me habláis a mí, bella dama? ¿Pero qué os aflige?

[texto omitido]

[texto omitido]

[texto omitido]



LUCIANA

¡Vaya, cuñado! ¿Desde cuándo le hablas así a mi hermana? ¿Cómo que qué le aflige? A Dromio le pidió que te llevara a comer. ¡Hace rato!


ANTíFOLO de SIRACUSA

¿A Dromio?


DROMIO de SIRACUSA

¿A mí?


ADRIANA

, a ti mismo, y me contaste que ---

te dio manotazos, y con cada uno

negó que mi casa es la suya, y yo su esposa.


ANTíFOLO de SIRACUSA

¿Cuándo has conversado con esta mujer?

[texto omitido]


DROMIO de SIRACUSA

¿Yo, señor? Pero si nunca la he visto.


ANTíFOLO de SIRACUSA

Mientes, ----------- pues lo que dice

es lo mismo que me dijiste en el mercado.


DROMIO de SIRACUSA

Jamás he cruzado palabra con ella.


ANTíFOLO de SIRACUSA

¿Y cómo es que sabe nuestros nombres?

[texto omitido]


DROMIO. ¿Y yo qué sé?


ANTÍFOLO. No me hables así, eh...


ADRIANA.

¡Qué poco favorece a un hombre de tu posición fingir tan burdamente con un criado, a expensas de tu esposa! (Y digo burdamente porque estáis un poquito sobreactuaditos los dos.) 

Bastante ultraje es el abandono como para añadir, además, el desprecio. Voy a cogerme de tu brazo. Si tú eres un roble, yo seré una vid flexible que te abraza, y así participa de tu fuerza. 

Si algo te aleja de mí, sólo es escoria, musgo vil, zarza punzante,

cizaña que medra por falta de poda,

infecta tu savia y la vida te roba.








ANTíFOLO de SIRACUSA [aparte]

¿Estoy en la tierra, el cielo, o en el infierno?

¿Soñando, despierto, cuerdo, o enloquecí?

Reconocido de ellas e ignorante de mí.

Bueno, haré lo que digan; ya no sé quién soy,

y aquí en esta niebla, a la aventura voy.

Besa a ADRIANA

Alfredo Michel Modenessi

La comedia de los enredos

[...]

Entran Adriana y Luciana.


ADRIANA

Sí, Antífolo: desconóceme y frunce el ceño.

Otra es la dueña de tu fina estampa.

Yo no soy Adriana, ni soy tu mujer.

Alguna vez, sin mediar exigencia, juraste

que nunca una palabra fue música en tu oído,

nunca un objeto agradable a tus ojos,

nunca un roce acogido por tus manos,

nunca viandas deliciosas en tu boca,

si de mí no las oías, veías, sentías,

o si no probabas mis deleites. ¿Por qué ahora,

esposo mío, eres un extraño para ti?







Para ti, digo, pues al desprenderte de mí,

parte indivisible de tu propio cuerpo,

soy más que lo mejor de ti mismo.

¡Ay, no te apartes de mí!

Sabe, amor, que es más fácil que dejes caer

una gota en las olas del golfo

y la vuelvas a sacar sin que se mezcle,

sin que crezca o disminuya,

que arrancarte de mí y no llevarme siempre.

¿Cuán hondo te calaría

siquiera oír que yo fuera perjura,

y que este cuerpo, a ti consagrado,

se contaminara con lujuria vil?

¿No me escupirías, no me alejarías,

arrojándome el nombre de esposo en la cara,

arrancando la piel sucia de mi frente lasciva,

quitando el anillo de mi mano infiel

y partiéndolo con un grave voto de divorcio?


Bien sé que puedes, así que hazlo.

Me mancilla el baldón del adulterio,

mi sangre se ha enviciado de lujuria;

pues si tú y yo somos uno, y faltas a tus votos,

yo asimilo el veneno de tu carne,

y me prostituye tu contagio. Si respetas

tu lecho genuino, y a tu fiel esposa,

yo vivo sin mancha, y tú, sin deshonra.


ANTíFOLO de SIRACUSA

¿Me hablas a mí, bella dama? Yo no te conozco.

Llevo en Éfeso apenas dos horas

y tu ciudad me es tan ajena como tus dichos;

cada uno mi mente ha examinado

y ninguno le dice algo sensato.



LUCIANA

¡Vaya, cuñado, cómo cambian las cosas!

¿Desde cuándo tratas así a mi hermana?

A Dromio le pidió que te llevara a comer.


ANTíFOLO de SIRACUSA

¿A Dromio?


DROMIO de SIRACUSA

¿A mí?


ADRIANA

A ti mismo, y me contaste qué hizo:

te dio manotazos, y con cada uno

negó que mi casa es la suya, y yo su esposa.


ANTíFOLO de SIRACUSA

¿Has conversado con esta mujer?

¿Cuál es el meollo de tus tratos?


DROMIO de SIRACUSA

¿Yo, señor? Pero si nunca la he visto.


ANTíFOLO de SIRACUSA

Mientes, sinvergüenza, pues lo que dice

es lo mismo que me has dicho en la plaza.


DROMIO de SIRACUSA

Jamás he cruzado palabra con ella.


ANTíFOLO de SIRACUSA

¿Y cómo es que nos llama por nuestro nombre? ¿Será inspiración divina?







ADRIANA

Le viene muy mal a tu seriedad

que finjas tan burdamente con tu criado

y lo incites a calmar mi mal humor.

No ignoro que es culpa mía tu desapego,

mas no añadas a esa culpa tu desprecio.

Ven aquí, deja que a tu brazo me ciña:

tú eres un olmo, esposo; yo soy la viña

cuya debilidad, uncida a tu fuerza,

le permite comulgar con tu grandeza.

Sólo algo inmundo de mí te alejaría:

bejuco, musgo vil, hiedra advenediza,

cizaña que medra por falta de poda,

infecta tu savia y la vida te roba.


[SIGUEN TEXTOS ELIMINADOS O REUBICADOS POR PÉREZ-REVERTE MAÑAS]


ANTíFOLO de SIRACUSA [aparte]

¿Estoy en la tierra, el cielo, el infierno?

¿Despierto o soñando? ¿Cuerdo? ¿Enloquecí?

¿Conocido de ellas y oculto de mí?

Haré lo que digan, sin protesta alguna,

y así en esta niebla viviré aventuras.