COMENTARIOS AL ARTÍCULO DE "EL PAÍS"

1. DOCUMENTACIÓN

El artículo de "El País" apareció dos días después de que la periodista me escribiera este correo electrónico el 19 de junio de 2018:

Señor Michel, le escribo porque preparo un reportaje sobre las versiones para el teatro de obras traducidas. Recibimos en la redacción una carta de Salvador Oliva que mencionaba su caso, el plagio sobre la obra de Shakespeare. Ya he hablado con él y con muchas más personas que pueden aportar al debate. Y también con Carlota Pérez Reverte, que me contó que les pidió sinceras y repetidas disculpas, tanto a usted como al otro traductor de quien cogió los párrafos y que finalmente retiró la obra de los escenarios. Me dice que usted no quiso aceptar sus disculpas....

Quería preguntarle su versión de este asunto.

Como imagino que estará en México pues reciba este correo y espero su respuestas, si fuera tan amable, y sus consideraciones sobre este asunto.

Muchas gracias, un abrazo. Carmen Morán Breña.

Mi respuesta, el mismo 19 de junio de 2018:

Estimada Carmen: Le agradezco su interés. Me alegra que contacte a un hombre íntegro como mi querido amigo Salvador Oliva, quien junto conmigo ayudó al gran Ángel Luis Pujante a concluir la que sin duda es históricamente la mejor versión del teatro completo de Shakespeare en castellano. Por iguales motivos de seriedad y probidad, le sugeriría que hablara con Don Miguel Sáenz, otro pilar de la traducción española.

De mi caso, le diré que he sido plagiado del modo más común y corriente, pese a la barbaridad de pretextos que pueda usted haber oído de parte de la Sra. Pérez-Reverte. No es necesario que yo le ofrezca una "versión", pues los hechos, como se lo he reiterado a ella, son elocuentes.

Por principio, todo lo que usted requiere saber se halla en esta página de red: enredos-plagiados.webnode.mx. Seguro estoy de que leerá con atención todo lo allí consignado, en concordancia con sus estándares de investigación periodística. Allí encontrará, incluso, los tres correos que hemos intercambiado la Sra. Pérez y yo, donde se consigna lo que seguramente ella considera "sentidas y repetidas disculpas", mismas que, por lo que mis respuestas a sus ​escrito​s le mostrarán, yo no considero del todo aceptables. Nunca he cruzado más palabras con ella que las de esos correos.

No hemos tenido más comunicación desde abril, como allí mismo podrá ver, pese a que he sido enteramente claro y a que ella dijo que me tendría al tanto de negociaciones con SGAE que, por lo visto, no ha realizado. Nunca me puso al tanto de que se disculpara con alguien más. Ante tal carencia de responsabilidad, estoy considerando opciones diferentes. No descarto los tribunales.

Me permito subrayar tres cosas que hallará en mi página de red.

Una, la preparación que requiere un trabajo como traducir a Shakespeare no corresponde a la de una persona como la Sra. Pérez; el simple hecho de que se atreva a firmar como adaptadora o versionadora de un texto así es peor que sospechoso.

Dos, por lo que me dice usted, ella insiste en decir que su falta fue "coger unos párrafos" o, como me escribió a mí, "fragmentos", que "la compañía no consideró relevantes como para registrarlo con SGAE" (vea su correo 002); esto es terriblemente falso, como puede usted verlo de las muestras 001, 002, 003 y 004 incluidas en la página de red. La Sra. Pérez parece olvidadiza, ingenua, o m​itó​man​a, pero nunca objetiva.

Tres, sus actos no son de menor cuantía o importancia. El plagio es, por desgracia, una práctica común en el medio teatral (al que yo mismo pertenezco) y se debe combatir. No hay disculpa que valga cuando se abusa de los derechos y el arduo trabajo ajeno, se le registra como propio, se engaña al público, se saca dinero malhabido y, encima, se intenta apaciguar todo con un "lo siento" y "ahora quizá le doy crédito en el programa de mano".

No nací ayer; soy un profesional del teatro y la universidad con 30 y tantos años de experiencia y un académico shakespirista de primera; merezco el respeto que estas personas no me han dado, al igual que cualquier colega de todas esas disciplinas. Lo que esta Sra. y sus amigos hacen es indebido, deplorable y condenable.

​Si requiere algo extra, me encuentra en este correo. Saludos cordiales, AMM

Minutos más tarde, añadí:

Me olvidé de decirle una cosa clave más: que el plagio contempla lo que de Shakespeare se ha usado en ese montaje; lo que Pérez-Reverte y demás personas le hayan "contribuido" a la obra de Shakespeare no importa. Es decir, de lo que hay de Shakespeare allí, la enorme mayoría es copiado, con mayor, menor o nulo disimulo; esto lo señalo con más detalle en mi e-mail 002 con Pérez-Reverte.

Ella, desde luego, querría que la atención se centrara en que hizo cambios y añadió cosas a la obra de Shakespeare. Le reitero, sin embargo, que eso carece de importancia en relación con el uso indebido que hizo de mi trabajo y el de otros; de hecho, por simple lógica, sólo se puede cometer plagio de algo que no es propio. Pero lo que hay de Shakespeare en ese libreto, como lo prueban las muestras que ofrezco, proviene de manera inobjetable y masiva, con mayor o menor disimulo, del trabajo de otros, el mío en particular. Eso, y no otra cosa, es la materia del plagio.

Sin más aclaraciones por el momento, le envío un saludo, AMM.

Carmen Morán respondió el 20 de junio, así:

Muchas Gracias. (CMB)

No hemos tenido más contacto desde entonces. Su artículo apareció al día siguiente. Quiere decir que hubo un máximo de 48 horas para que considerara mi material y mis declaraciones.

2. COMENTARIOS.

En primer lugar, el encabezado del artículo peca de dos importantes imprecisiones. Por un lado, los traductores no son "invisibles", son los plagiarios los que se ocupan de intentar hacerlos invisibles, disimulando u ocultando actos ilícitos. Por el otro, al respecto de lo cometido por Pérez-Reverte, no hay "conflicto" ni "debate": los hechos hablan con claridad y demuestran que lo que ha habido es un plagio irrefutable, más aun, admitido por quien lo cometió, pese a sus constantes excusas.

Ahora bien, aunque puse gran cantidad de material a disposición de Carmen Morán --tanto a través de esta página como mediante mis respuestas por correo--, si se consulta su artículo, lo único que tuvo a bien consignar en el mismo fue mi reiteración de un importante principio de ley (que su ignorancia no exime de su cumplimiento), así como la evidencia que yo mismo le aporté de mi bien conocida arrogancia (sacada de contexto): el haberme autocalificado como "shakespirista de primera". (Incidentalmente, y con disculpas para quien se sienta agraviado, consúltese mi CV.) La selectividad de mi material por parte de la Sra. Morán es elocuente.

Por lo contrario, los dichos de la Sra. Pérez-Reverte dominan y me ponen de lo lindo. Por una parte, en el texto de la Sra. Morán resulto un desconocido en España... claro está, excepto para quienes tienen a bien considerar mi trabajo digno de plagiarse y para estimados amigos y colegas que me confían tareas del nivel que ellos mismos realizarían. Para colmo, soy un engreído total, lo cual nunca he disputado. Y un guarro, pues publiqué "conversaciones privadas"... aunque fuera con gente que prefirió mantener "en privado" el uso de mi trabajo en su beneficio (moral y material) durante dos años.

Por la otra, soy un monstruo cruel, pues le ha negado el perdón a la pobre ingenua que "no sabía lo que hacía" (y que se ha enterado apenas que era "horrendo"), al contrario que otro traductor, a quien no conozco ni de quien especularé razones, aunque mi investigación sacó a la luz que también fue plagiado. (Por cierto, hubo cuando menos un tercero, que murió hace casi un siglo y quien, tal vez sólo por eso, no ha concedido su perdón a la agobiada plagiaria.) Asimismo, la Sra. Pérez generosamente "entiende" que "tengo derecho a mi enfado" y me "ofreció" cancelar las funciones de la obra. Para rematar, véase mi terrible codicia: ¿armar todo este lío, como reza el título del Spaghetti Western, "por un puñado de dóla... eh... 300 euros"? (detalle material sobre el cual el artículo me dio la primera noticia, pues Pérez-Reverte nunca lo hizo, como se puede ver en nuestros correos).

Pero los argumentos de Pérez-Reverte --los cuales, si acaso, buscan eliminar el dolo de la culpa admitid-- en nada cambian los hechos: tal como ella misma lo acepta, durante dos años fue llevado a escena un espectáculo con fines de lucro en el que se vulneró mi propiedad intelectual y creativa sin aviso, permiso, crédito ni remuneración, y cuya adaptación y "versión" las firmó y registró en SGAE solamente Carlota Pérez-Reverte Mañas. Si alguien más participó en esos hechos específicos y no dejó huella visible mediante su firma, ello es reprobable, pero en nada cambia la realidad.

Lo mejor aquí es dirigir a los amables, y seguramente ya hartos lectores, a las demás partes de esta página, incluido mi artículo en "Paso de Gato", el cual, aunque elaborado antes que el de la Sra. Morán, responde a muchas de impresiones e imprecisiones de su artículo. Empero, me permitiré tres párrafos más.

Como se aprecia de los correos que intercambié con Pérez-Reverte, en busca de solución, en efecto, le dije que, para que hubiera una disculpa, primero debía hacer un reconocimiento público de los hechos, en medios españoles y mexicanos. A ello nunca dio respuesta. Luego dijo que deseaba continuar con el montaje, si yo lo autorizaba, con crédito para mí. Pero omitía por entero los mínimos requisitos de un trato profesional: su oferta no incluía condiciones económicas ni contemplaba un contrato. Eso es trabajar sobre las rodillas, sin profesionalismo ni calidad. Si así proceden ella y sus colaboradores, es su problema; yo no. Por supuesto, me negué, y desde ahí no volvió a comunicarse. Hice pública nuestra correspondencia electrónica en esta página para dejar testimonio irrefutable; mejor dejar ver los hechos que tener que responder a dimes y diretes. Luego de la lectura del correo de la Sra. Morán pidiéndome una "versión", y más aún la de su artículo publicado, me siguen sorprendiendo la inconsciencia, informalidad y condescendencia de la Sra. Pérez y de quien concuerde con sus opiniones.

Aclaremos. Yo no he pedido un favor ni me lo han hecho. Dejar de representar un espectáculo que se basa en un ilícito no es cosa de "ofrecerse" sino de mínima justicia; no es algo que alguien "conceda" sino un acto necesario generado por la vulneración original de la propiedad intelectual de otra persona. Por otra parte, una corrección a programas y publicidad no podría disculpar ni resolver dos años de abuso. Aún así, pese a las claras evidencias, ahora el artículo de "El País" hace que la Sra. Pérez parezca víctima de un grosero (yo) que "no le acepta sus sinceras disculpas" por "un error"; un grosero que, encima, se atrevió a decirle que, si quería rectificar sus "errores", se ocupara de que SGAE y SOGEM acordaran una reparación. ¡Vaya grosería la mía! Porque, según leo, a quienes no tienen empacho en ganarse prestigio inmerecido y dinero con el trabajo ajeno (sin importar si se trata de 300 céntimos o 300 euros o 300 espartanos), lo que les agobia es que les señalen que lo que se han apropiado debía pedirse y reconocerse públicamente (y no sólo "en privado", como Pérez-Reverte me lo reclama en su correo 002) además de pagarse... aunque esa misma gente estuviera feliz de no hacerlo mientras no los descubrían.

Es triste, pero, en general, la motivación para ocultar el uso del trabajo ajeno en las adaptaciones teatrales es ahorrarse el pago de los derechos legítimos de quien produjo ese material con su esfuerzo y conocimiento. Pero lo material es lo que menos importa: por fortuna, 300 euros, o 3,000, no harían diferencia en cuanto a mi economía. Nada garantiza, empero, que no le fueran necesarios a otro profesional cuyo trabajo fuese igualmente plagiado; tan sólo eso hace aún más legítimo el totalmente legítimo reclamo de pago por el trabajo que uno realiza o ha realizado; no sé a quién le resulte lógico o deseable que le quiten su crédito y labor y, encima, le digan que cobrar por trabajar es una descortesía. De todas maneras, cualquier monto es primordialmente simbólico, pero hay quienes no lo saben o prefieren no verlo. El asunto fundamental es negarse terminantemente a que la mala gente que abusa se salga y siga saliéndose con la suya mediante un simple "disculpe el atropello, no sea (también) mala gente". Si bien no descarto un recurso legal, lo importante, tal como lo reitero una y otra vez, es que estas conductas no deben quedar sin señalarse, tan ampliamente como se pueda.

Una última nota: el 25 de junio solicité a "El País" que, para beneficio de sus lectores, publicaran en la sección "Cartas a la directora" la dirección de red de esta página. No ha sucedido. Personalmente, la publiqué en la sección de "comentarios" al calce del artículo, si bien la "moderaron" mediante un cambio de URL. Como con tantas otras cosas, se trata de dejar constancia en este espacio.